No venimos del sector farmacéutico. Venimos de sentarnos detrás del mostrador
a mirar cómo se trabaja de verdad: el cliente esperando, el teléfono sonando,
el inventario que dice una cosa y la gaveta que dice otra.
Ahí aprendimos que el problema no es que falten sistemas. Es que los sistemas
que existen dan por sentadas tres cosas: internet estable, personal con tiempo
para capacitarse y una caja que puede esperar. Ninguna de las tres es cierta
un martes a las once de la mañana en una farmacia de barrio.
Farmaxis se diseñó al revés: primero lo que pasa cuando algo falla, después lo
que pasa cuando todo funciona.
Es un proyecto en construcción, financiado y desarrollado por su propio equipo,
sin inversión externa. Preferimos decirlo así de claro antes que aparentar un
tamaño que todavía no tenemos.